El claustro de Santo Domingo de Silos

Descubre una de las joyas arquitectrónicas del románico en Burgos

El Monasterio de Santo Domingo de Silos es mundialmente conocido por su claustro, obra maestra del románico español.

Fue puesto en pie como abadía benedictina en el municipio de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos. Impulsado como abad por Domingo, anterior prior del monasterio de San Millán de la Cogolla, se erigió una iglesia románica y el claustro que han llegado hasta nuestros días. A la muerte del santo, el monasterio toma su patrocinio y pasa a denominarse Santo Domingo de Silos.

El claustro de Silos está compuesto por dos pisos: el claustro inferior pertenece a dos épocas distintas: las galerías Oriente y Norte pertenecen a la segunda mitad del siglo XI, y en cambio las de Poniente y Sur son de una época algo posterior, ya del siglo XII.

Los capiteles y bajorrelieves en Silos

Los arcos del claustro son todos de medio punto, propias del estilo románico de esta época, y  descansan sobre capiteles ricamente adornados. Uno de los rasgos más característicos de este claustro son sus 64 capiteles del claustro bajo. Reúne motivos de la naturaleza, como acantos, animales fantásticos, así como grifos, centauros y dragones, llegandonos a encontrar con el mismísimo demonio entre sus columnas.

Además de los capiteles, nos detendremos en los bajorrelieves esculpidos en cada una de las esquinas de este claustro bajo.  En cada una de las cuatro esquinas del claustro de Santo Domingo de Silos hay unos bajorrelieves de temática religiosa.

Los bajorrelieves de Silos: Primer maestro de Silos

Visitaremos los bajorrelieves desde la parte más antigua hacia la más reciente, muy probablemente orden en el que se fue construyendo el propio claustro.

En primer lugar nos encontramos con la Ascensión, con todos los elementos orientados hacia arriba, y Pentecostés, esta vez invertidos los elementos de la composición hacia la parte inferior.

En la siguiente esquina,  la sepultura de Jesucristo y la Resurrección.  La escena del santo entierro realiza el aprovechamiento de la tapa del sarcófago para separar ambos temas e incluir tres escenas en el mismo lado. En la parte superior, las Tres Marías ante el sepulcro vacío de Cristo resucitado. Mientras, en el centro vemos a José de Arimatea colocando el cuerpo de Cristo en el sarcófago.

En el Descendimiento, Se inicia la bajada de Cristo muerto por Nicodemo y José de Arimatea, mientras es observado por San Juan y sujetado por la mano por la virgen María. No perdamos de vista aquí la representación del sol y la luna, recursos iconográficos del románico que podemos ver en otras obras como en los frescos del Panteón de Los Reyes, en la Colegiata de San Isidoro,  en León. 

Los Discípulos de Emaús, obra todavía perteneciente al primer maestro de Silos. Es una escena mucho más limpia que las anteriores, vemos que la técnica se está depurando cada vez menor número de elmentos y cada vez más simbólicos.

Escena enmarcada bajo un arco de medio punto, que la corona como un mensaje por sí mismo. Cito textualmente del evangelio de San Lucas “Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen” Aquí tenemos la explicación de tener tres hombres barbudos con aureolas y los ojos cubiertos por piedras de azabache.

La Duda de Santo Tomás sería la última y gran obra culmen de este primer maestro de Silos. Conjunto especialmente armonioso, ubicado en un castillo medieval. La escena destaca a Cristo a mayor escala que el resto de sus apóstoles, distribuidos en hileras ordenadas.

 

Segundo Maestro de Silos

Continuamos avanzando por el claustro mientras nos fijamos cómo van evolucionando las técnicas escultóricas a medida que transcurrían los años de construcción del claustro tras el fin del siglo XI y desarrollo del XII.  Pasamos a ver una segunda autoría en los bajorrelieves, conocido como el taller del segundo maestro de Silos.

El bajorrelieve de la Anunciación es una obra maestra gracias a su desarrollo escultórico, ya perteneciente a finales del siglo XII. También de esta época es el Arbol de Jesé, aunque se encuentra notablemente más deteriorado.

 

Claustro superior y tipos de columnas

Tras la finalización del claustro inferior, se dispuso el levantamiento del claustro superior, datado a finales del siglo XII.

Cada fase de construcción en el claustro inferior delata una forma de hacer las columnas, propia de dos talleres diferenciados. En la primera etapa, los fustes de las columnas están más separados y las tallas tienen escasa sensación de movimiento. En la segunda, éstas ganan en volumen de forma notable.

Un tipo de columna muy destacable de este Monasterio de Silos son las famosas columnas torsas.

El ciprés de Silos

 

Si su riqueza arquitectónica no fuese suficiente para dejarnos maravillados, nos encontramos en torno a un hermoso ciprés que vive en este claustro desde 1882.

Protagonista de un soneto inmortal que le dedicó el poeta Gerardo Diego.

 

Inhiesto surtidor de sombra y sueño

que acongojas el cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,

flecha de fe, saeta de esperanza.

Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,

peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,

qué ansiedades sentí de diluirme

y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,

ejemplo de delirios verticales,

mudo ciprés en el fervor de Silos.

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