Mujeres en el arte. Las pioneras

Del mismo modo que las 7 musas de la mitología, la representación de la mujer como el mismo arte, como una alegoría de la belleza, de la inspiración… terminó convirtiendo en misión imposible que se concibiera a la figura de la mujer como pintora real.

A esto le sumamos una jerarquía de poder en la que el conocimiento más allá del mundo doméstico le era censurado, como es bien conocido.

Pese a lo que algunos puedan alegar a simple vista, la representación de la mujer a lo largo de los siglos en la encarnación de símbolos, así fue con la libertad, la justicia y la abundancia, entre muchos otros, es sin embargo una desvalorización. Es siempre una mujer anónima, a modo de concepto.

No tiene nombre ni apellidos como cuando vemos un personaje masculino representado. ¿Lo habías pensado?

Los primeros autorretratos femeninos

Todo autorretrato es en sí mismo un ejercicio de poder y dignidad. Desde el momento en el que un pintor toma sus pinceles para representarse a sí mismo, está de alguna manera proclamando su propia importancia como motivo de una obra de arte.

Ya desde el Renacimiento, los artistas se autorretrataban como una celebración de su pertenencia al estatus de poder, dejando atrás su pasado en el gremio de artesanos. Al autorretrato femenino se le ha venido denominando como retrato demostrativo, como una necesidad doble de reafirmarse propia de la artista mujer.

Era tal la incredulidad generada a su alrededor en cuanto a su capacidad de crear arte al mismo nivel que sus homólogos masculinos, que el ejercicio requería si cabe de un autoestima más potente.

También era muy frecuente en ambos casos, en hombres y mujeres, que este tipo de obra incluyera también una obra del artista junto al retrato de su autor, convirtiéndose así en cuadro dentro de otro. Esta estrategia permitía al artista lucirse doblemente en ambos géneros, que normalmente eran bodegones o naturalezas muertas, alegorías o paisajes.

Las pioneras mezclaban pintura y música

El primer autorretrato femenino que se conserva,exceptuando las miniaturas de las copistas medievales, es el de la pintora Caterina van Hemessen. Y también de su siglo, el XVI, es la artista de la que más autorretratos se conservan: Sofonisba Anguissola.

Esto fue debido a su temprana valoración de su arte, que propició que tuviera una larga y fructífera carrera artística y facilitó la conservación de su obra. Además, ella tuvo la firmeza de firmar todos sus cuadros desde la primera etapa de su vida artística, lo que la libró del degradante trato de ser atribuidas a diestro y siniestro, como ha pasado tan habitualmente.

Incluso se llegó a retratar tocando un instrumento musical, haciendo notorio que su don no se ajusta exclusivamente a la pintura, por lo que su genialidad toma distintas formas.

Esta modalidad de autorretrato tuvo gran repercusión y podemos verlo en otras artistas como en el caso de Lavinia Fontana y Elizabetta Sirani.

Más tarde, ya en el siglo XVIII, podemos encontrar esa dualidad entre pintura y música en los autorretratos femeninos, que fueron ganando en aceptación por la imagen de virtuosidad de la mujer respecto a los instrumentos musicales en el ámbito doméstico.

Lo vemos en el caso de Angélica Kauffman, pintora neoclásica, donde la artista se ve obligada a elegir entre las dos musas que representan sus dos grandes pasiones.

El atrevimiento de Artemisia Gentileschi

Sin duda, el autorretrato más atrevido y que no podemos comparar a los mencionados anteriormente en cuanto a la temática es el de Artemisia Gentileschi, que vivió durante el siglo XVII.

En su autorretrato como Alegoría de la pintura, la propia artista adquiere el valor de personaje, como en una actuación dramática dentro de su propia obra. Esta innovación narrativa se sale completamente del tono y la humildad del resto de retratos.

Volviendo al tema con el que comenzamos, el uso impersonal de la mujer objeto, es precisamente el que Gentileschi rompe en añicos fusionándola con la mujer sujeto, con nombres y apellidos, los suyos.

Además, al igual que Velázquez en la pintura de las meninas, no se representa a sí misma trabajando sobre su pintura, sino detenida en el momento de la creación , de la propia invención de la obra de arte. El trabajo intelectual y teórico del arte por encima del trabajo mecánico o artesanal.

1 comentario en “Mujeres en el arte. Las pioneras”

  1. Excelente la vision de la historia del arte a trabes de la mujer
    Dicto historia del arte en una carrera de diseño de indumentaria y para mis alumnas, en mayoria mujeres, es fantastico ver la historia con ojos de mujer

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