Giotto, el padre del Renacimiento

Giotto en las Vidas de Vasari

Eternamente agradecido a Giotto como gran precursor de la pintura en el Renacimiento. Así es como se declara Giorgio Vasari, el gran historiador del arte del siglo XVI, en su capítulo dedicado a Giotto di Bondone dentro de su libro Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos.

Según sus propias palabras, fue un milagro que aquella época grosera e incapaz tuviese el poder de obrar Giotto tan sabiamente que el dibujo, del cual poco o ningún conocimiento tenían los hombres de esos tiempos, mediante tan buen artífice volviese enteramente a la vida.

Giotto fue el primer pintor cuya obra anuncia la llegada de un nuevo estilo, aunque como suele ocurrir ni él mismo fuese consciente. Se separa del estático arte medieval para dar vida a las escenas dinámicas y las narrativas que tendrán lugar en el arte del Renacimiento.

En una época aún dominada por la estética medieval, Giotto di Bondone anticipó algunas de las características de la pintura renacentista y abrió la puerta a un nuevo estilo que cambiaría la historia del arte.

La mosca de Giotto y Cimabue

Curiosamente, Giotto es un personaje del cual poco o nada sabemos sobre su vida personal. Las únicas noticias fiables nos llevan a finales del siglo XIII, cuando el artista ya en su treintena es un maestro que trabaja en su propio taller.

Como cuenta Vasari en su libro de las Vidas, Giotto nació alrededor del año 1267 en Colle di Vespignano, la actual Vicchio, en la campiña florentina. Había sido aprendiz de Cimabue, convirtiéndose en uno de sus mejores discípulos.

Existe una anécdota muy curiosa que destaca Vasari sobre él. Y es de un día en el que el maestro Cimabue se encontraba fuera del taller, y el joven Giotto dibujó una mosca en uno de los lienzos. Tan realista había resultado su mosca, que Cimabue a su vuelta la vió y trató de espantarla.

La obra de Giotto

Sabemos que Giotto contaba con mucho trabajo ya para los primeros años del siglo XIV, y tenía una fama importante.

La mayor parte de sus trabajos de entonces eran pinturas y frescos en lugares de culto en la Toscana y Umbría, y según algunas fuentes estuvo una temporada al servicio del papa Bonifacio VIII en Roma.

Se cree que fue en aquellos años cuando entró en contacto con las obras de la antigüedad clásica.

El principal tema pictórico de esta época era el religioso, aún inmersos en la plena Edad Media, y el arte italiano se encontraba plenamente influenciado por el estatismo y la rigidez bizantina.

Giotto destacó precisamente en que sin salirse de los temas religiosos, lograra dotar a sus cuadros de un nuevo dinamismo sin precedentes.

El uso de la perspectiva que empleó, posiblemente inspirado por las grandes obras clásicas griegas y romanas, y los claroscuros que añadió de forma totalmente visionaria, fueron la revolución de la pintura en su siglo. Sus figuras pasaron de estar estáticas, sin vida… a contar nuevas historias.

Aunque es difícil establecer la paternidad de sus primeras pintuars, la Madonna di San Giorgio alla Costa del año 1295 es considerada por muchos como la primera obra atribuible al pintor. En ella aún se puede apreciar un estilo claramente medieval.

Arquitectura en la pintura de Giotto

Otro de los grandes logros de Giotto, ampliamente imitado por el resto de pintores renacentistas que llegarían después, fue la integración de sus conocimientos arquitectónicos en la pintura.

Giotto personalmente se encargaba de preparar y diseñar los espacios en los que debía pintar, disponiéndolos de modo que sus paredes y techos formaran lienzos del tamaño justo acorde a sus necesidades. Adaptaba cada espacio a su obra y no al revés.

El mejor ejemplo de esta disposición es su ciclo de frescos en la Capilla de los Scrovegni en Padua.

El Giotto Arquitecto

Como buen hombre del Renacimiento, Giotto cultivó varias de las bellas artes.

A nivel arquitectónico, podemos destacar su diseño del campanario para la nueva catedral de Florencia, realizada ya en la última etapa de su carrera. Fue nombrado superintendente de obras públicas y maestro de obras de Santa Reparata, lo que hoy se denomina la Plaza del Duomo. 

Falleció poco tiempo después sin poder llegar a ejercer realmente, pero se le atribuye la idea de los mármoles policromos y el ciclo de relieves que encontramos en sus paredes, ya realizados por el escultor y arquitecto Andrea Pisano, quien tomó el relevo tras la muerte de Giotto.



Deja un comentario