Caravaggio, ¿el genio del barroco fue un asesino?

Michelangelo Merisi, o lo que es lo mismo Caravaggio, vino al mundo en Milán en el año 1571.  Aprendió a dar sus primeras pinceladas en una escuela de pintura manierista cuando el Renacimiento vivía sus últimos días en Italia.

El genio del Barroco

Caravaggio es reconocido hoy en día en su singular estilo tenebrista,  y alzado como el genio del Barroco.

De joven adquirió este peculiar estilo tras una vida errante  por las calles de las ciudades en el norte de Italia, aunque fue finalmente en la capital, en Roma, donde se consagró, y donde se atesora la mayor parte de su obra.

Precisamente esas sombras y esas tinieblas que nadie como él supo reflejar en sus pinturas, le acompañaron toda su vida. Fue el primer pintor que supo representar con aire íntimo terrenal las escenas religiosas.

Las miserias del ser humano, lo efímero de la carne, las traiciones y las pasiones, todo ello por primera vez entremezclado con el aura mitológico y etéreo de la cultura religiosa.

Vida y obra accidentada

Como ocurre en muchas ocasiones, no podemos hacer una distinción entre la vida artística y la personal, y todo ese genio arrebatador que salía de su pincel forma parte de su propia existencia.

Homosexual atormentado, artista violento, con un amplio listado de altercados y peleas, llegó incluso a ser acusado de asesinato y sentenciado a muerte en el año 1606.

Caravaggio en Roma

Llegó a Roma prácticamente desnudo y desnutrido, y no fue hasta que empezó a trabajar en el taller de Giuseppe Cesari cuando comenzó a dormir bajo techo. Allí aprendió la técnica como pintor de flores y frutos, pero Caravaggio quería representar personas, a poder ser harapientas y sin idealización alguna.

Es de este momento varios de sus cuadros más conocidos, como Muchacho pelando fruta, o Cesto con frutas y Baco.

Tras abandonar este primer taller, Caravaggio se fue labrando una cierta fama y sus amistades fueron mejorando su status. Tenemos como ejemplos su relación con el pintor Próspero Orsi o el arquitecto Onorio Longhi.

Los santos de Caravaggio en Roma

Fue éste último quien le acercó al mundo de las peleas callejeras en la ciduad de Roma.

La oportunidad de su vida llegó gracias al cardenal Francesco María del Monte.  El religioso le consiguió trabajo en la capilla de San Luis de los Franceses. Aquí Caravaggio pudo plasmar su particular visión de las figuras humanas, representaciones absolutamente realistas.

Caravaggio representó una fiel imagen de la gente de la calle a modo de crónica.  Retratos de ancianos haraposos, prostitutas, niños callejeros. Solenmes composiciones, aderezadas con las luces y sombras que resaltaban de forma dramática sus gestos.

Caravaggio se convirtió en Roma en un auténtico personaje violento. Fue líder indiscutible de una banda callejera, se pasó la vida de altercado en altercado. Si libró de pisar la cárcel, fue gracias a sus importantes amistades.

¿Un pintor asesino?

Fue finalmente en el año 1606 cuando en medio de una reyerta, Caravaggio derribó a un joven aristócrata y le mutiló el pene. La incisión en lugar de castrarle, la atravesó una arteria provocándole la muerte.

No estaba entre sus planes causarle la muerte, pero tamaño escándalo llegó a oidos del papa Pablo V. Pese a que Caravaggio había terminado de retratarle recientemente,  sentenció a muerte al artista.

 

Huida a Nápoles

A partir de este momento se produce la huida de Caravaggio a Nápoles. Allí se pasó el resto de su vida huyendo de ser capturado y procesado por sus crímenes.

En estos momentos fueron vitales para él sus amistades, como en el caso de los Colonna. Esta familia aristócrata le ayudó a seguir ganándose la vida como artista. Desde allí viajó a Malta, donde incluso se le llegó a nombrar caballero. No por ello dejó abandonó sus viejas costumbres, así que finalmente fue expulsado de la orden y obligado a huir de nuevo.

Caravaggio, cada vez más tenebroso.

Su pintura, al igual que su vida, se fue ennegreciendo cada vez más. A estas alturas de su vida ya tenia demasiados enemigos. Su decadente situación le minaba un carácter ya de por si demencial y explosivo.

Durante su estancia en Nápoles fue víctima de un grave atentado. Con la cara totalmente desfigurada y ya en las últimas pintó su última obra. El Martirio de Santa Úrsula, que es sin duda su pintura más sobrecogedora y expresiva de su momento vital.

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