Sorolla y la Moda. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

¿Te perdiste la exposición de Sorolla y la Moda en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza?

El encuentro entre la moda de un época y la grandiosa obra pictórica de Joaquín Sorolla sucedió en el Thyssen. Hoy Experiencias con Arte te lo quiere contar.

Uno de los mayores valores de esta exposición, es la función de crónica que ejerció el artista. Joaquín Sorolla supo reflejar los cambios en las tendencias de la moda, en una época especialmente atractiva. Nos trasladamos a finales del siglo XIX y principios del XX.

Unas 70 pinturas que se han podido disfrutar de forma única y exclusiva en esta exposición. Procedentes de museos y de colecciones privadas de todo el mundo, hermanadas  con prendas y complementos originales. Una auténtica delicia para curiosos y amantes de la moda y el arte.

La exposición Sorolla y la Moda analiza la presencia de la moda en la obra de Joaquín Sorolla, principalmente en los retratos femeninos que él realizó entre 1890 y 1920. Eloy Martínez de la Pera, comisario de la exposición

Viajando a través del tiempo

Mirando las pinturas de Sorolla, podemos transportarnos a través de las décadas sin gran esfuerzo.  Veremos la evolución en las tendencias de las décadas de su vida como artista, reflejo de la vida y las costumbres con un detallismo único.

El trazo suelto y vigoroso de Joaquín Sorolla, se concentra especialmente en los maravillosos retratos femeninos.

La exposición quiere contar historias de este momento: el inicio de la modernidad

El estilo contemporáneo que Sorolla pudo retratar durante sus viajes a otras ciudadanas europeas. Su estilo de vida cosmopolita le llevó a Paris, Nueva York, y por supuesto su adorado Madrid.

Gracias a estos viajes Sorolla pudo tomar constancia del momento histórico que la mujer estaba protagonizando: la lucha de las sufragistas en Londres donde las mujeres reivindican su propia identidad, la eclosión de los cafés y cabarets parisinos donde la mujer se libera de las imposiciones sociales de un modo nunca antes visto en Europa, y la apertura del metro en Nueva York que hizo de la mujer neoyorquina una ciudadana más independiente y dispuesta a hacerse notar con su vestimenta por la gran ciudad.

Hay en esta exposición Sorolla y la moda un apartado muy íntimo, con retratos de su esposa Clotilde y sus hijas, María y Elena. De un intimismo que maravilla, el tratamiento de los tejidos de sus prendas no resulta menos llamativo.

Sorolla y el retrato de sociedad

Joaquín Sorolla ocupó un espacio privilegiado como cronista de la época que le tocó vivir. Tanto de la aristocracia española y europea, así como de la propia familia real española de entonces.

Como era de esperar, estas damas de la alta sociedad querían siempre ser retratadas adornadas con las mejores telas y las más valiosas joyas. En esta exposición se nos ha mostrado junto a los retratos de estos trajes de alta costura, auténticas piezas de estética muy similar.

Una de las piezas maestras de esta exposición, es el retrato del rey Alfonso XIII y su madre regente la reina Maria Cristina.

El veraneo en Zarautz

Esta parte de la exposición nos inunda con una luz inconfundible junto al mar Cantábrico.

Retratos de los veraneantes en Zarautz, San Sebastián, San Juan de Luz o Biarritz. El atuendo elegante de las señoritas de bien que acudían a disfrutar en aquellas playas. Donde no hacía demasiado calor en los meses de verano, y se encontraban en perfecta comodidad para disfrutar de la playa con el suficiente decoro.

También en cuanto al ocio y el verano retrata un momento de cambio. Es en esos años cuando se inicia la costumbre de visitar las playas de la costa española.

Por recomendación de los médicos, las familias más pudientes se acercan a las costas durante el verano. Es allí donde podemos ver el auténtico desfile de atuendos elaborados y elegantísimos para estas jornadas de ocio playero.

 

La belle epoque según Sorolla

En el Paris de finales del siglo XIX se produce una auténtica revolución femenina. Esos ajustados corsés de otro tiempo, dan paso a tejidos sueltos que dejan libre la anatomía femenina.

La vida moderna viene acompañada de nuevas costumbres sociales, las conocidas reuniones de cafés parisinos. Así como en Paris, este espíritu de la belle epoque se trasladó a otras grandes capitales europeas.

La mujer pasea por la ciudad con la compañía de sus amigas, y comienza a vestirse para ella misma.

Lo más destacable de la exposición es la figura de la mujer, una mujer en pleno cambio de siglo y accediendo a la puerta de la modernidad, comenzando su lucha por empoderarse y reconocerse como presencia que lo inunda todo en sus retratos.

 

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